Friday 24 October 2014


Su razón es de ser:
• Un instrumento de unión y de comunión con el Santo Padre que esté en cada momento al frente de la Iglesia Católica: Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, o Benedicto XVI…
• Un espacio para conocer con profundidad la realidad de la vida cristiana en y para países de habla española (castellana).

• afrontando el relativismo invasor y asfixiante con mil temas ricamente ilustrados

Hoy, por desgracia, se difunde un relativismo que lleva a dudar incluso de la existencia de una verdad objetiva. Se escucha el eco de la conocida pregunta que Pilato hizo a Jesús: «¿Qué es la verdad?» (Jn 18, 38). A partir de este escepticismo, se llega a una falsa concepción de la libertad, que pretende eximirse de todo límite ético y reformular según su arbitrio, los datos más evidentes de la naturaleza.
Ciertamente el hombre descubre siempre la verdad de modo limitado y puede definirse peregrino de la verdad. Pero esto es muy diferente del relativismo y del escepticismo. En efecto, la experiencia muestra que nuestra mente, aunque esté ofuscada y debilitada por muchos condicionamientos, es capaz de captar la verdad de las cosas, por lo menos cuando se trata de los valores fundamentales que hacen posible la existencia de los individuos y de la sociedad. Dichos valores se imponen a la conciencia de cada uno y son un patrimonio común de la humanidad. ¿No apela a ese patrimonio la conciencia común cuando condena los crímenes contra la humanidad, aun cuando estén respaldados por algún legislador? En realidad, la ley natural, precisamente porque Dios la esculpió en el corazón, es anterior a cualquier ley promulgada por los hombres y es la medida de su validez.

En memoria de los mártires cristianos, quienes perseverando en las doctrinas bíblicas, enseñadas por la Iglesia fundada por Jesucristo, no dudaron en ofrendar sus vidas, exaltando el nombre de Cristo con el gozo de pertenecer a la Iglesia ‘una, santa, católica y apostólica’. Y bien se cuidaron de dejarse «llevar aquí y allá de todos los vientos de opiniones por la malignidad de los hombres, que engañan con astucia para introducir el error» (Efesios, 4, 14).

El ministerio del Obispo, tal como lo quiso Cristo, es esencial para la vida y la misión de la Iglesia. Dado que "cada uno de los obispos, por su parte, es el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares" (Lumen gentium, 23), el obispo tiene la tarea de salvaguardar y promover la unidad y la comunión entre todo el pueblo de Dios en la Iglesia particular confiada a su cuidado. Sirve a los fieles de su diócesis predicando la palabra de Dios, santificándolos con la celebración de los sacramentos, gobernándolos según el ejemplo del divino Maestro, y alentándolos en su vida de fe, a menudo en circunstancias difíciles. También ha de custodiar los vínculos de la fe y la comunión jerárquica con el Sucesor de Pedro, y, como miembro del Colegio episcopal, participa de la solicitud por todas las Iglesias (cf. Christus Dominus, 3).

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www.mrsavinon.blogspot.com afronta con nitidez la eterna pregunta típica de todo escepticismo y de todo relativismo ético cotidiano: «¿Qué es la verdad?».

María: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin. (Lucas 1:30-33) “
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« Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él… » Apóstol Pablo, mártir de la Iglesia católica, decapitado en Roma 67ca. (Col 2:8-10ª).-

« Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta». –II Tesalonicenses 2,15

« Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna».
« Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él». Evangelio según San Juan Cap. 3 vs.16-17.-

Atribuido a Nivardus de Milán.Italia
Ottonian, Fleury, Francia, entre 1000 – 1025ca.
Tempera colores, dorado y plata sobre pergamino.

La verdadera Fe comienza donde la Voluntad de Dios es conocida.
“La Fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios..” (Romanos 10:17) -

En el Espíritu Santo, alma de la Iglesia, la propia visión que Jesús tiene de su Padre, de él mismo, de la Iglesia, es la que llega a ser en cierto modo la inteligencia de la Iglesia, Cuerpo de Cristo. Tal es la fe, «audición de la Palabra», en la asamblea de los fieles. Así, pues, es radicalmente inimaginable que la Iglesia entera «se deje
llevar aquí y allá de todos los vientos de opiniones por la malignidad de los hombres, que engañan con astucia para introducir el error
» (Efesios, 4, 14). El pensamiento de Cristo prosigue en el pensamiento de la Iglesia. Si la fe de la Iglesia entera pudiera
descarriarse, entonces el Espíritu Santo nos habría engañado cuando inspiraba a San Pablo escribir estas líneas: «No hay más que un cuerpo y un Espíritu (de verdad), un solo Señor, una sola fe ... » (Efesios, 4, 4-5), ya que todos no hacemos «sino uno en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios», para «constituir ese Hombre perfecto en la fuerza de la edad que realiza la plenitud de Cristo» (Efesios, 4, 13).
En otras formas y de una manera más precisa, el mismo pensamiento reaparece en otras partes. La Iglesia, dice San Pablo, tiene su fundamento en Cristo (1 Corintios, 3, 11), que constituye la piedra angular (Efesios, 2, 20). Si es así, no hay que temer que el error se introduzca oficialmente en la casa de Dios. ¿Acaso Cristo no se ha «hecho por Dios sabiduría para nosotros»? (1 Corintios, 1, 30). ¿No está acaso hoy como ayer en posesión de la Vida eterna? (Juan, 6, 60).
Por otra parte, el mismo Cristo resumió y presentó la esencial y permanente garantía de verdad en la Iglesia por Él fundada cuando dijo:
«Estaré con vosotros para siempre hasta el fin del mundo» (Mateo, 28, 20).

Siguen siendo muy actuales las palabras del santo obispo Anselmo de Aosta: "Que yo te busque deseando; que te desee buscando; que te encuentre amando; y que te ame encontrándote" (Proslogion, 1). Ojalá que el espacio del silencio y de la contemplación, que son el escenario indispensable donde se sitúan los interrogantes que la mente suscita, encuentre entre estas paredes personas atentas que sepan valorar su importancia, su eficacia y sus consecuencias tanto para la vida personal como para la social.
Dios es la verdad última a la que toda razón tiende naturalmente, impulsada por el deseo de recorrer a fondo el camino que se le ha asignado. Dios no es una palabra vacía ni una hipótesis abstracta; al contrario, es el fundamento sobre el que se ha de construir la propia vida. Vivir en el mundo "veluti si Deus daretur" conlleva la aceptación de la responsabilidad que impulsa a investigar todos los caminos con tal de acercarse lo más posible a él, que es el fin hacia el cual tiende todo (cf. 1 Co 15, 24).
El creyente sabe que este Dios tiene un rostro y que, una vez para siempre, en Jesucristo se hizo cercano a cada hombre. Lo recordó con agudeza el concilio Vaticano II: "El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado" (Gaudium et spes, 22). Conocerlo a él es conocer la verdad plena, gracias a la cual se encuentra la libertad: "Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" (Jn 8, 32).

“El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10). “fidem custodire, concordiam servare”», custodiar la fe, conservar la concordia. Porque oímos al Señor, somos católicos fieles a la enseñanza magisterial de la Iglesia Católica.

- "Como hubo falsos profetas en el pueblo, también entre vosotros habrá falsos maestros que promoverán sectas perniciosas. Negarán al Señor que los rescató y atraerán sobre sí una ruina inminente. Otros muchos se sumarán a sus desvergüenzas, y por su culpa será difamado el camino de la verdad. En su codicia querrán traficar con vosotros a base de palabras engañosas. Pero hace tiempo que está decretada su condena y a punto de activarse su perdición…" 2ª carta de S. Pedro, cap. 2

- "El Espíritu dice expresamente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de su fe y prestarán oído a espíritus seductores y doctrinas diabólicas. Esta será la obra de impostores hipócritas de conciencia insensible…" 1ª Carta de S. Pablo a Timoteo, cap. 4 [Recordemos las sectas aparecidas y sobre todo, las que siguen seduciendo].

- "Predica la Palabra, insta a tiempo y a destiempo, corrige, reprende y exhorta usando la paciencia y la doctrina. Pues llegará el tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de multitud de maestros que les dirán lo que quieren oír; apartarán los oídos de la verdad y se volverán a las fábulas." 2 Timoteo: 4: 2-5

- "…Porque sabemos que Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los arrojó a las cavernas tenebrosas del abismo y allí los retiene para el juicio… No libró de la destrucción a Sodoma y Gomorra sino que las redujo a cenizas… libró en cambio al justo Lot, que abrumado por la conducta lujuriosa de aquellos disolutos, sentía torturado día tras día su buen espíritu por las perversas acciones que oía y veía. Y es que el Señor sabe librar de la prueba a los que viven religiosamente y reservar a los inicuos para castigarlos el día del juicio; sobre todo a los que corren en pos de sucios y desordenados apetitos y a los que desprecian la autoridad de Dios." 2 Pedro 2

- "Atrevidos y arrogantes, no tienen recato en denigrar a los seres gloriosos… son como animales irracionales, destinados por su naturaleza a ser cazados y degollados. Injurian lo que desconocen y como bestias perecerán." 2 Pedro 2: 7-13

La Iglesia Católica año 33.ca.

«Como entonces hicieron los Apóstoles, también nosotros, después de la Ascensión, nos recogemos en oración para invocar la efusión del Espíritu, en unión espiritual con la Virgen María. Reunidos con Ella en el Cenáculo, esperamos la llegada del Espíritu Santo que nos dará fuerza para ser testigos de Cristo resucitado en el mundo».

Iglesia y tradición - “El que os escucha a vosotros me escucha a mí; y el que os rechaza a vosotros me rechaza a mi; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado. Biblia – Evangelio según S. Lucas-10- v.16

El lenguaje de la fe - No creemos en las fórmulas, sino en las realidades que estas expresan y que la fe nos permite "tocar". "El acto (de fe) del creyente no se detiene en el enunciado, sino en la realidad (enunciada)" (S. Tomás de A., s.th. 2-2, 1,2, ad 2). Sin embargo, nos acercamos a estas realidades con la ayuda de las formulaciones de la fe. Estas permiten expresar y transmitir la fe, celebrarla en comunidad, asimilarla y vivir de ella cada vez más.
171 La Iglesia, que es "columna y fundamento de la verdad" (1 Tim 3,15), guarda fielmente "la fe transmitida a los santos de una vez para siempre" (Judas 3). Ella es la que guarda la memoria de las Palabras de Cristo, la que transmite de generación en generación la confesión de fe de los Apóstoles. Como una madre que enseña a sus hijos a hablar y con ello a comprender y a comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos enseña el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de la fe.

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«Discípulos y misioneros de Jesucristo hoy» - indica dos aspectos esenciales y correlativos en ese continuo caminar de la Iglesia «entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, anunciando la cruz y la muerte del Señor hasta que vuelva» (Lumen gentium, 8). En realidad, el ser discípulo de Cristo no es una situación transitoria que termina en un determinado momento, sino que requiere estar siempre a la escucha, aprendiendo y siguiendo al único Maestro (cf. Mt 23, 8), sin pretender llegar a ser él mismo maestro algún día. Por eso los condiscípulos han de considerarse entre ellos como hermanos (cf. ibíd.). Por otro lado, el discípulo de Cristo no se limita a recibir sus enseñanzas como venidas desde fuera. Comienza a serlo por un encuentro personal fascinante y perennemente actual con Él, que provoca una inefable relación de comunión y lleva a seguir sus pasos, a imitar su forma de vivir (cf. Deus caritas est, 1). Y esto, con la entrega y convicción de haber encontrado el verdadero tesoro de la propia vida (cf. Mt 13, 44), ante el cual ninguna otra alternativa o insinuación tiene mayor interés.
El cristiano de hoy debe ser siempre discípulo de Cristo, al que puede acercarse de muchos modos, porque siempre nos espera en los senderos de nuestra existencia para enseñarnos cuál es el don de Dios y darnos de beber la verdadera agua viva (cf. Jn 4, 10). Lo ha de encontrar sobre todo en la Eucaristía y los demás sacramentos, que son momentos privilegiados de esa compañía hasta el fin de los tiempos que Cristo prometió a sus discípulos (cf. Mt 28, 20). Y debe seguir aprendiendo las enseñanzas del Maestro mediante el amor, el estudio y la meditación de la Escritura, bajo la guía de quienes han recibido el encargo específico de custodiar celosamente y explicar fielmente la Palabra de Dios (cf. Dei Verbum, 10).

Crucifixión de San Pedro en cruz invertida - Giotto


"Las llaves del Reino" - Desde el comienzo de su vida pública Jesús eligió unos hombres en número de doce para estar con él y participar en su misión (cf. Mc 3, 13-19); les hizo partícipes de su autoridad "y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar" (Lc 9, 2). Ellos permanecen para siempre permanecen asociados al Reino de Cristo porque por medio de ellos dirige su Iglesia:
Yo, por mi parte, dispongo el Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel (Lc 22, 29-30).
En el colegio de los doce Simón Pedro ocupa el primer lugar (cf. Mc 3, 16; 9, 2; Lc 24, 34; 1 Co 15, 5). Jesús le confía una misión única. Gracias a una revelación del Padre , Pedro había confesado: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Entonces Nuestro Señor le declaró: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mt 16, 18). Cristo, "Piedra viva" (1 P 2, 4), asegura a su Iglesia, edificada sobre Pedro la victoria sobre los poderes de la muerte. Pedro, a causa de la fe confesada por él, será la roca inquebrantable de la Iglesia. Tendrá la misión de custodiar esta fe ante todo desfallecimiento y de confirmar en ella a sus hermanos (cf. Lc 22, 32).
Jesús ha confiado a Pedro una autoridad específica: "A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos" (Mt 16, 19). El poder de las llaves designa la autoridad para gobernar la casa de Dios, que es la Iglesia. Jesús, "el Buen Pastor" (Jn 10, 11) confirmó este encargo después de su resurrección:"Apacienta mis ovejas" (Jn 21, 15-17). El poder de "atar y desatar" significa la autoridad para absolver los pecados, pronunciar sentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinares en la Iglesia. Jesús confió esta autoridad a la Iglesia por el ministerio de los apóstoles (cf. Mt 18, 18) y particularmente por el de Pedro, el único a quien él confió explícitamente las llaves del Reino.
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Por otra parte, desde el inicio de la Evangelización americana, la Iglesia emitió una palabra enérgica, que parece que de propósito se esconde. El Papa Paulo III, asumiendo aportaciones desde Nueva España, el 2 de junio de 1537 declaró a favor de los indígenas: “verdaderos hombres que son... no están privados ni hábiles para ser privados de su libertad ni del dominio de sus cosas, más aún, pueden libre y lícitamente estar en posesión y gozar de tal dominio y libertad y no se les debe reducir a esclavitud... capaces de la fe cristiana... se acercan a ella con muchísimo deseo” (Bula Sublimis Deus).
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Se perfilan así diversos interrogantes: ¿se puede hacer pesar sobre la conciencia actual una culpa vinculada a fenómenos históricos irrepetibles, como las cruzadas o la inquisición? ¿No es demasiado fácil juzgar a los protagonistas del pasado con la conciencia actual (como hacen escribas y fariseos, según Mt 23,29-32), como si la conciencia moral no se hallara situada en el tiempo? ¿Se puede acaso, por otra parte, negar que el juicio ético siempre tiene vigencia, por el simple hecho de que la verdad de Dios y sus exigencias morales siempre tienen valor? Cualquiera que sea la actitud a adoptar, ésta debe confrontarse con estos interrogantes y buscar respuestas que estén fundadas en la revelación y en su transmisión viva en la fe de la Iglesia. La cuestión prioritaria es, por tanto, la de esclarecer en qué medida las peticiones de perdón por las culpas del pasado, sobre todo cuando se dirigen a grupos humanos actuales, entran en el horizonte bíblico y teológico de la reconciliación con Dios y con el prójimo.

«La persona humana, corazón de la paz». Benedicto PP XVI - 2007.I..01


«He aquí que estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,19-20).

www.conocereislaverdad.net - 2007-V-

«Después de haber orado intensamente y de haber meditado profundamente las palabras auténticas de la tercera parte del secreto de Fátima, contenidas en las hojas escritas por Sor Lucía, me quedó impresa, como síntesis y precioso sello, la consoladora promesa de la Virgen Santísima: «Mi Corazón Inmaculado triunfará». Como escribí: «El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque gracias a este “sí” Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y así permanece ahora y para siempre». Y también: «Desde que Dios mismo tiene un corazón humano y de ese modo ha dirigido la libertad del hombre hacia el bien, hacia Dios, la libertad hacia el mal ya no tiene la última palabra. El mensaje de Fátima es de ello una ulterior confirmación». En el Vaticano, 22 de febrero de 2007
Benedictus PP XVI
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Mayo 2007.

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